22 de agosto de 2008

-No te preocupes bonita, no voy a hacerte daño -disfrutaba con cada palabra -solo quiero hacerte un favor.

Bera estaba desesperada, era incapaz de moverse, estaba tumbada en el barro y tenía el brazo entumecido por el golpe, el dolor era intenso, había caído con todo su peso sobre este y además se lo estaba agarrando con una fuerza excesiva con la que no podía competir.

No sabía que hacer, estaba atrapada y no la dejaría ir por mucho que le rogara, la había perseguido durante un buen rato y no parecía que fuese a renunciar a su presa. Por primera vez la chica levanto la cabeza y lo miró directamente.

Era muy desagradable, con una barba poblada pero muy irregular que no podía ocultar una fea cicatriz que cruzaba entera un lado de la cara. Ella en cambio tenía el cabello moreno y largo, bastante descuidado pero aun así muy hermoso, sus ojos eran verdes y muy vivos, aunque en aquel momento estaban húmedos por las lágrimas.

El hombre se percato que ella lo estaba mirando, pero por extraño que pareciese en sus ojos no vio miedo, un extraño brillo iluminaba aquella mirada. Era ahora o nunca, la niña se armo de valor y abrió la boca, estaba a menos de un metro de la cara de aquel hombre. Le escupió con la mayor fuerza que pudo y lo alcanzó de lleno en la cara.

Con un acto reflejo aquel hombre se llevó la mano que aun tenía libre a la cara perdiendo durante un momento el control de la situación. Bera notó como su opresor reducía la fuerza con la que le sujetaba el brazo debido a la reacción y en ese pequeño instante ella se giro mostrando su otro brazo que hasta aquel momento había estado oculto debajo de su cuerpo y con el que agarraba un pequeño puñal. Con un rápido movimiento surco el aire recorriendo la distancia que lo separaba de la mano del hombre y con una creciente energía corto a la altura de la muñeca. Había acertado con la estocada, el hombre no pudo seguir agarrando a la muchacha y la mano ensangrentada por fin se aflojo liberándola.

-¡Ah joder! ¡Qué me has hecho! –el hombre se llevó la mano a la herida y por un momento no presto atención a la muchacha.

Ya no tendría otra oportunidad, se levantó de un salto y echó a correr por aquella calle esquivando al hombre que intento agarrarla desesperadamente, pero entre el dolor que sentía en su mano y que aun estaba arrodillado donde un momento antes ella se encontraba no consiguió más que rozarle una pierna. No volvió la vista atrás y corrió hasta llegar al final de la calle, rápidamente torció a la izquierda y alzo la vista hacia donde sabía que se encontraba aquel característico edificio de dos plantas siempre lleno de gente riendo y charlando animadamente.

Lo que Bera no se esperaba era encontrarse el edificio en llamas. El fuego ya había llegado hasta allí, aunque no era de extrañar, acababa de derrumbarse una casa, a pesar que en el centro de la ciudad las casas eran de piedra su estructura seguía siendo de madera por lo que no tenían ninguna posibilidad frente a un incendio de tal calibre. La ciudad estaba perdida, nada sobreviviría a aquella destrucción.

No podía permitirse que la cogiera otra vez, ahora estaría prevenido y no tardaría en alcanzarla. No podía echarse atrás, era su única posibilidad, la puerta de la taberna estaba abierta, solo tendría que atravesarla ya que el hueco en el muro se encontraba en el patio trasero.

19 de agosto de 2008

Como veo que ha habido tanta espectación aquí os dejo el siguiente fragmento, tengo algo mas escrito pero todavía no esta revisado y así es más interesante. Además necesito tiempo para ir escribiendo y ahora llegan los examenes. Gracias por el apoyo ya que seguramente me ayude a seguir escribiendo...xD Y aquí esta otro pedazo de la historia:

* * *

Bera siguió encogida en aquel lugar, no se atrevía a moverse, oía a la gente gritar, un par de soldados pasaron de largo sin prestarle atención, demasiado excitados en la búsqueda de nuevas víctimas, los edificios crujían bajo las llamas… era demasiado horrible para asimilarlo, recordaba que cuando era una niña su padre le contaba fantásticas historias sobre épicas batallas y grandes héroes; aunque nada tenían que ver lo que se estaba produciendo en la ciudad.

Tenía que volver a buscarlos, ellos habían quedado en casa, su padre trabajando en el taller y su madre cuidando de Joan. Aunque también sabía que la habían traicionado; iba a ser entregada a un desconocido como si de mercancía se tratase, ya no sabía lo que quería, a donde ir; la idea de huir se le paso fugazmente por la cabeza pero pronto fue descartada al recordar lo mucho que quería y necesitaba a su hermano. Ya pensaría más adelante lo que hacer, ahora tenía que volver a su casa.

Se armó de valor con la idea de encontrar a sus padres que seguramente la estaban buscando y salió de su refugio. Enfiló hacia el final de aquella callejuela que tanto conocía y tomo la dirección opuesta a la plaza.

-¡Alto ahí, preciosa! -Uno de aquellos horribles hombres estaba observándola en el extremo de la calle cerca de donde hace un instante ella se encontraba. En su cara se apreciaba una sonrisa maliciosa y observaba detenidamente a la hermosa niña que a pesar de su joven edad ya se había desarrollado lo suficiente para despertar el instinto sexual de aquel individuo.

Acto seguido el hombre se dispuso a perseguir a Bera creyendo que esta no llegaría muy lejos debido a la impresión, nunca más lejos de la realidad.

La muchacha estaba congestionada, pero venció su miedo y empezó a correr por las calles de la ciudad.

Era mucho más lenta que aquel hombre, pero conocía las calles, las había recorrido miles de veces con su madre al ir al mercado o jugando con sus amigos. ¿Qué les habría sucedido? ¿Habrían conseguido huir? O estaban sufriendo el mismo destino que ella. No tenía tiempo de averiguarlo.

Doblo otra esquina y se encamino hacia el norte de la ciudad, recordaba que detrás de la taberna “El buen gusto” había un pequeño hueco en la debilitada muralla por el que muchas veces se había colado con sus amigos para robar pan y cerveza sin que los vieran, si conseguía llegar seguramente perdería a su perseguidor ya que el hueco era demasiado pequeño para que entrase un adulto.

Volvió a doblar otra esquina, esta vez Bera echó un fugaz vistazo hacia atrás lo suficiente para evitar la zarpa de aquel hombre que intentaba alcanzarla.

Ya estaba muy cerca, la taberna estaría visible al doblar un último cruce. Sin embargo, no tendría tanta suerte, justo delante de ella un edificio se derrumbó causando una avalancha de escombros y polvo junto con un impactante estruendo que sacudió la calle.

La sorpresa obligo a Bera a detenerse por un instante y para su desgracia el segundo que se detuvo sirvió para que una fuerte mano la agarrara por el hombro y la derribara contra el suelo. Se había hecho daño y no era capaz de moverse ya que el hombre la había inmovilizado.

El hombre reía a carcajadas, tenía los ojos desorbitados y le caían las babas de la emoción y del morbo de todo aquello.

18 de agosto de 2008

PRIMERA PARTE

El Principio del Fin

Como una plaga de ratas, las llamas se extendían con rapidez por aquella ciudad. Las numerosas casas que se aglutinaban sin orden en el extremo sur del rio eran pasto de las llamas.

El fuego era cada vez más intenso e incontrolable; el incendio había comenzado en el barrio más pobre donde las casas apenas eran frágiles construcciones de madera que nada podían hacer frente a lo inevitable, pero poco a poco iba engullendo todo a su paso.

1

Bera caminaba nerviosa por la calle principal, tenía la mirada perdida en el infinito, todo había cambiado de la noche a la mañana. ¿Cuándo se había convertido en una mujer? Hasta aquella mañana solo pensaba en jugar con sus amigos y ayudar a su madre con las labores del hogar. Pero todo era distinto… “No podemos mantenerte” había dicho su padre, “te irá mucho mejor” dijo su madre. Solo tenía quince años y tenía que casarse con un viejo maestro curtidor de la ciudad; no lo conocía pero era el único que estaba dispuesto a pagar una pequeña dote por ella en aquellos tiempos de crisis.

En una semana se celebraría el convite y no podría impedirlo, lo que más le costaría sería alejarse de su hermano Joan, el hijo menor pero heredero del taller de su padre. María, su madre, le había explicado muchas veces las abusivas normas a las que estaban expuestas las mujeres en la sociedad, pero ella se negaba a aceptarlo. Finalmente esta verdad había vencido y solo le quedaba someterse a lo inevitable.

En estas estaba cuando la calle se abrió ante sus ojos mostrando la gran plaza del mercado que ese día estaba bastante abarrotada. Pero un extraño temor se respiraba en el ambiente, la gente se movía nerviosa de un puesto a otro, entonces fue cuando se percató de la columna de humo que ascendía por detrás de los edificios proveniente del otro extremo del río, se estaba produciendo un incendio.

Estaba muy asustada, por la calle que desembocaba en la plaza justo en frente de donde se encontraba un grupo de soldados armados acababa de hacer su entrada.

La gente entro en pánico, corrían y gritaban mientras intentaban evitar sin mucho éxito las estocadas de aquellos hombres.

Al ver el humo proveniente de la parte más alejada de la ciudad había creído que se trataba de un simple incendio, era normal que una casa de madera ardiera al menos una vez al año. Pero aquello era nuevo para ella; vivían en un lugar en el que desde hacían ya muchos años reinaba la paz. Las murallas del burgo habían perdido su utilidad, la gente utilizada sus piedras para hacer las casas y una de las torres se había desmoronado.

La gente apenas tenía armas y no había apenas seguridad ya que no era necesaria; un par de mercenarios para controlar a los pícaros y a los bandidos. La ciudad no podía defenderse de tal ataque.

Tras incendiar los barrios más pobres los atacantes habían cruzado el puente que daba acceso al centro de la urbe.

Acababan de salvarle la vida, se había quedado parada en el medio de la calle y un soldado se dirigió maza en mano hacia ella. Un hombre que a media mañana estaba exponiendo unos terneros muy frescos en su puesto ahora tenía su cuchillo clavado en el pecho de aquel agresor que un segundo antes estaba a punto golpear a la niña con la tremenda maza.

El carnicero agarro a la joven del brazo y la arrastro lejos del revuelo que se estaba formando en la plaza; retrocedió por la calle principal y cogió el primer callejón que encontró vacio.

Los ciudadanos a penas tenían un cuchillo o una guadaña con los que presentar resistencia y solo pensaban en intentar salir con vida de aquel lugar.

El hombre arrastro a la niña por el callejón y la dejo en una esquina. La chica intento darle las gracias pero a penas surgió un hilo de voz de su boca, aun estaba perdida en todo aquello.

No dijo nada, solo dio la vuelta y aferrando bien su cuchillo volvió sobre sus pasos y entro de nuevo en la plaza…Fue la última vez que volvió a verlo.