30 de septiembre de 2008

Entró con decisión en la habitación, el calor era extraordinario, el techo de madera estaba en llamas pero todavía no había alcanzado los muebles, el fuego se propagó por el tejado de la casa contigua y amenazaba con derribar el edificio. Casi no podía ver por el humo, tosía y se estaba ahogando. Avanzo a tientas intentando evitar las mesas que estaban demasiado calientes y muy despacio consiguió llegar al otro extremo. No podía perder tiempo, oía al hombre en la puerta quejándose pero decidido a entrar en la taberna en llamas. Empujo la puerta con fuerza pero no se abrió, estaba cerrada; agarro el cerrojo y no pudo evitar proferir un aullido de dolor, era de hierro y con el calor estaba hirviendo, no podía salir por allí, estaba atrapada. El humo era muy intenso, volvió a toser y a duras penas consiguió darse la vuelta, diviso la difuminada figura de su opresor, estaba en mitad de la sala. En ese momento parte del techo cedió a las llamas y se derrumbo entre los dos. Un montón de astillas volaron al derribar una de las mesas y Bera se llevo el brazo a la cara a la vez que se giraba para intentar evitarlas. Fue entonces cuando la vio, la puerta que llevaba a la cocina, no había puerta al patio pero si una pequeña ventana por la que salía el humo de la cocina; que irónico, ahora todo el edificio estaba en llamas. Con un último esfuerzo se deslizo al interior de la cocina, no había fuego allí pero el calor y el humo era tan intenso como en el salón. Avanzo hasta la ventana pero justo antes de llegar tropezó con un gran bulto que había en el suelo. Un escalofrío recorrió toda la espalda de la joven y una horrible sensación se unió a las nauseas que le producía el humo, era la dueña de la taberna, estaba muerta, no había conseguido huir. No podía ayudarla, la evitó y se encaramó a la ventana, ya casi sin fuerzas se arrojo al exterior. Arrodillada en el patio de la taberna no pudo evitar las crecientes arcadas y devolvió en el suelo. El estomago le ardía y le dolía el pecho. Estaba demasiado cansada para seguir, pero no podía rendirse, podía ver la abertura en el muro; se levanto con mucho esfuerzo y se acercó. Estaba solo a un metro cuando la puerta de la taberna se abrió de un portazo y por ella apareció el hombre, tenía una gran quemadura en el brazo, pero no parecía molestarle, no iba a rendirse. Miro a la joven con los ojos inyectados en sangre de la rabia y esta le dedico una maliciosa sonrisa un segundo antes de meterse en el hueco. Lo había conseguido, el hombre no paraba de proferir insultos pero ella estaba a salvo, ya no podía alcanzarla. Estaba segura en aquel rincón, no se atrevía a salir, temerosa de que otro soldado la estuviera esperando al otro lado, casi no había espacio pero cualquier cosa era mejor que quedarse al alcance de aquellos guerreros sin escrúpulos que en una mañana habían destruido miles de familias, quemado sus hogares, saqueado sus pertenencias y abusado de mujeres y niñas indefensas, no había honor en aquellos actos, solo sed de sangre. Una vez hubo recuperado la calma volvió a sentir el brazo dolorido, la molestia no había cesado solo que no le había prestado atención. Era increíble todo lo que acababa de suceder, había escapado de un hombre y atravesado una casa en llamas, iba a ser la envidia de sus amigos; entonces la visión de la dueña de la taberna asfixiada en el suelo le volvió a la mente como un mal sueño y no pudo reprimir un sollozo, ¿correrían sus amigos la misma suerte? Podían haber muerto por el fuego o por el acero de las armas… ¿volvería a verlos? Y pensar que lo último que había hecho aquella mujer fue salvarle la vida, aunque ella no lo supiese. Hasta este momento Bera no se había percatado pero la ventana de la cocina solo se habría cuando estaban cocinando, aquella mujer la había roto intentando salvarse y eso la había salvado a ella. Bera oyó otro fuerte estruendo a sus espaldas, solo podía significar una cosa, la taberna finalmente había cedido. Todo el suelo tembló debido a la fuerza del derrumbamiento y noto como algunas piedras se desprendían del muro a sus pies. No podía quedarse allí más tiempo, el muro era viejo y podía venirse abajo. Tenía que pensar un plan, no podía volver a dejarse coger, su casa se encontraba al norte, sus padres puede que aun estuvieran allí; sino intentaría huir al bosque por el puente norte, no podría ir por la vía principal que daba directamente a este ya que sería la más vigilada, solo podría seguir por los rebuscados callejones que tan bien conocía. Se arrastró unos metros más hasta ver la abertura en el muro, había mucha luz en el exterior, volvió a oír escombros del muro caerse detrás de ella así que apuro hasta el extremo del túnel. Lo que vio no era ni mucho menos lo que esperaba, la excesiva luz provenía del gran incendio que había delante de sus ojos, la ciudad entera estaba en llamas, miles de hileras de humo se elevaban hacia un cielo negro, no había visión más parecida al infierno, o al menos, a como se imaginaba ella el infierno. Ya casi no se oían gritos, solo el crepitar de la madera de las casas ardiendo. La matanza había acabado, era la calma que sigue a la tempestad, frente a sus ojos quedaban los restos del poder destructivo de la guerra.